Breve reflexión de los días en San Luis
Desde el privilegio que la clase media a la que pertenezco (cada vez más baja) me concede quiero valorar mis últimas vacaciones con la familia. Mucho tiempo había pasado desde que no convivía con otros tantos días, que no dejaba mi habitación por tanto tiempo y mucho menos a tanta distancia, con un rótulo especial como son unas vacaciones. Quizá, muy probablemente, este sea el último momento donde viva más en profundidad el rol de ser hijo, en estos momentos no soy un estudiante, tampoco soy docente, ni trabajador. Soy, como ya en muy pocas oportunidades desde que me fui de casa, hijo y hermano.
El frenesí de la sociedad particularmente en las grandes ciudades en pleno 2025 no nos permite en muchas ocasiones disfrutar de la vida, ni siquiera parcialmente. No me gusta la vida hippie, ni soy un amante de la naturaleza, por el contrario, aprecio la rutina que impone la ciudad como un ordenador del dia a dia. Valoro las grandes moles de cemento y el pasar casi desapercibido una vez superado el radio de mi barrio. Aun en las noches primaverales, de bermuda y campera, donde extraño las andanzas adolescentes y todos los personajes que me acompañaban, no dejó que esa nostalgia nuble y cambie decisiones ya tomadas.
Por eso este momento fue de disfrute con mi familia, como hacía más de 5 años no pasaba, de respirar aire puntano en mi caso, pero podría haber sido el olor del mar, el sonido del río, o de las palabras de tu familia, quizá sea de sangre o quizá las que se han formado por esos azares de la vida y esos afectos inexplicables que nos hacen tan humanos. A mi personalmente, no me alcanzará la vida para agradecer estos momentos, ojalá dios permita el milagro de nunca borrarlos de mi cabeza. La cabaña pequeña, la vista de la montaña, la sonrisa impagable de mi mamá, la serenidad de mi papá, las risas y los chistes con mi hermana cada vez que tocaba dormir y el deseo durante todo el viaje de que estuviéramos todos.
Quizá no haya próxima vez, o la próxima vez sea distinta, pero sin duda, que he aprendido a respirar de otra manera y ver pasar los días con otra templanza.




Comentarios
Publicar un comentario