un poco de voluntad
Por supuesto que las semanas también tienen sus similitudes, los lunes suelen ser eternos, los martes realmente un suplicio, y la amargura va pasando conforme se acerca el fin de semana. Hay oportunidades donde eventualidades pueden hacer que lo que se auguraba un mal día sea una experiencia genial, como también que la promesa de un respiro en la rutina no sea más que un soplido.
Ahora bien cada día en sí mismo está repleto de pequeñas batallas por conquistar, que alivianan o cargan el resto del día. Por ejemplo, tomar una onda verde en un vehículo, llegar a la parada y que justo encontrar el bondi, recibir una linda noticia, que todo salga bien en tu jornada laboral, que la comida que compraste cumpla con tus expectativas, son esas las pequeñas conquistas que hacen del día, algo mas liviano, aun cuando no sea recordable a futuro lo vuelven más llevadero. Por otro lado cada día, puede estar lleno de batallas perdidas, que hagan del día una mochila llena de ladrillos, baldosas flojas en días de lluvia, mates fríos, un pésimo internet, esperas enormes, temperaturas insoportables, pequeñas cosas que requieren de mucha paciencia cuando se encadenan una detrás de la otra.
Pienso en esto, mientras tomo aire por no se cuanta vez, y creo que debo disfrutar las batallas ganadas con la misma intensidad con las que padezco las batallas perdidas. Se que no hay nada especial en mi, ni nada especial en lo corriente, pero creo que si el mundo es tan hostil disfrutar más de lo bueno lo puede hacer más llevadero, o menos tortuoso.
Esta foto la saque un día de esos que no son tan buenos

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