Historias cortas del mas acá I
El calor de febrero cocinaba el asfalto de las calles de la ciudad, los árboles posaban inmóviles como en una pintura, hacía casi 3 días Lucas no sentía un poco de aire entrar por su ventana, incluso en las noches la mole de cemento no apagaba sus brazas de modo que aun de madrugada los 30 grados estaban clavados en la temperatura que mostraban los canales de televisión y las aplicaciones de los celulares. En su cabeza hacía cálculos pensando en cómo destrabar el embrollo en el que había metido días antes.
Lucas tiene apenas 20 años, más de un año y medio que está saliendo con Sofia, se conocían desde el secundario pero no se habían prestado mucha atención hasta que se egresaron. Sofia trabaja en una tienda 10 horas diarias por un sueldo asqueroso que no alcanza para mucho, Lucas es cadete con su moto 110, no para una compañía de las conocidas, lo hace de manera particular. La vida de estos chicos gira en torno a ellos y al trabajo, el sistema no deja mucho tiempo para ser feliz y cuando lo tienen normalmente el sueldo ya se lo comieron. Los pocos momentos que oxigenan el día a día, era cuando Lucas se aparecía por la tienda y le dejaba un almuerzo sin que ella se lo pidiera. Sofía esperaba siempre ilusionada a su novio, cada día preguntaba por los repartos del día siguiente y especulaba en que zona andaría con su moto, como tratando de descifrar si ese mediodía recibiría o no a su visitante entrando por la puerta y resoplando porque ahi habia aire acondicionado y en las calles se derretia el poco espíritu que le quedaba a la gente. Claro que preguntar no era una opción, esas cosas le quitan la escasa magia que se le encuentra a la vida cuando entras a la adultez y además Lucas tampoco se lo diría, era algo espontáneo que nacía de ellos y los hacía feliz que se mantenga así.
Hace dos días, el sábado a la noche decidieron salir a comer, como siempre que se daban un mínimo gusto, haciendo números. A Lucas le habían dado buenas referencias sobre un nuevo bar que tenía una hermosa iluminación y se encontraba sobre una avenida, pactaron que él pasaría por ella alrededor de las 21:00. Sofía estaba realmente emocionada con la salida, hacía desde noviembre que no se acomodan para poder comer afuera, luego vinieron las fiestas y como siempre, diciembre es un mes donde se gasta mucho. Chequeo varias veces la carta de manera online anticipándose a la cita y recorriendo los nombres de cada uno de los platos, sin poder decidir cual pediría esa noche. Al momento de la cita Lucas se retrasaba, algo que no era normal para nada en él.
Después de muchos llamados que no fueron atendidos y muchos menos devueltos, cuando eran alrededor de las diez de la noche, Lucas se presentó realmente sudado en la puerta de la casa de Sofía, quien lo recibió con la peor cara posible de todo su repertorio. El intentó explicar que su moto se había pinchado y que tuvo que arreglarla, cosa que en verdad tenía sentido puesto que las manos del joven estaban llenas de grasa de la cadena. Pidió bañarse para poder salir, pero el mal genio de Sofía ya se había apoderado de ella que sin mucha ganas le hizo un gesto para que pase a su casa. Cuando Lucas salió de bañarse ambos partieron en la moto, nada le quitó el humor a Sofía. El se disculpo muchas veces aunque sabía que no era su culpa, conocía bien a su novia y como se ponía cuando las cosas no eran tal cual ella lo había planeado, pero no hubo forma, ella pasó toda la noche respondiendo con monosílabos a cualquier tópico que se intentara instalar en la conversación y al terminar de cenar le pidió que la lleve de nuevo a casa.
Los planes de domingo que acostumbraban a pasar juntos, esta vez no podrían ser, ella no tenía ganas de salir, y él que se había cansado de rogarle perdón, en un acto de rebeldía, afrontó la pesadez del domingo en su soledad. Llegó el lunes y la conversación no cambiaba mucho, además, ambos tuvieron mucho trabajo. Con el correr del tiempo, sobre la tardecita del lunes a Sofía se le pasó su infantil enojo, y retomó su conducta habitual, preguntó a Lucas por su dia, sobre el trabajo, los recorridos del día siguiente, él también preguntó por ella, por su gato, como le trataba el calor, en fin, todo retomo un carácter de normal.
Ese martes fue eterno, Sofia esperó todo el día a que Lucas aparezca por la puerta, que de alguna manera, aunque ella sabía que no tenía culpa y que ya todo estaba bien, trate de compensar su fallo del sábado. Volvió a revisar el recorrido que tenía que realizar Lucas con la moto. Cuando el reloj había marcado las 14:15 empezó a pensar que no aparecería, y al llegar las 15 dio por hecho que no lo haría. Más enojada aún de lo que había estado la noche del sábado, silenció su teléfono e ignoró cada mensaje. El estado conciliador que había adoptado se esfumó, estaba de nuevo muy enojada. Los minutos y las horas corrieron sin más, sin pena ni gloria, como un día más, hasta que dio la hora de salida. Sofía salió y enfiló para caminar las 10 cuadras que debía para tomar el 107, tres para la izquierda del local, doblaba en la esquina y de ahí siete cuadras más hasta la parada más cercana. Una vez en la calle, solo tomó el teléfono para poner música en sus auriculares, después de las tres cuadras, cuando dobló, él la esperaba de sorpresa, se llenaron dos rostros de sonrisas, un día mas.
“me enamoro de vos todos los días
y eso es tan lindo,
tan sencillo, tan sutil.
Como decirte ¿hola, cómo estás?
O tocar tus manos.
Mirándote viniendo de lejos
o que siempre te aparezcas de sorpresa.
A mi solo me alcanza con saber que existís
para saber que estás ahí
también esperándome como yo a vos.”
Extracto de “amor de mortal” del poemario “El más acá” de Nazareno Fernández.


Comentarios
Publicar un comentario