Cuarto de siglo

 

    Mi cuarto de siglo está a punto de culminar, con el se irá también casi de casualidad gran parte de la rutina que los últimos años ha rodeado mis días, ahora estará guardada bajo la cama, se cubrirá de polvo, o a lo sumo se guardara en una foto, años de recuerdos, ahora descansan dentro de una caja en una habitación con la luz apagada.

Cada jornada que pasa, con penas y glorias, casi nunca son tan malas como para querer desaparecer, aunque en verdad suelen ser intrascendentes. A veces me preocupa que sea siempre así, que las cosas se vuelvan monótonas, o desaparezcan dejando solo un recuerdo.

De todas formas, intento mantenerme saludable, dejar los malos hábitos de lado,  descansar al cuerpo y la mente. Las tentaciones, de todo tipo, me llaman constantemente, suelo lograr evitarlas.

Cada año vuelvo a pensar en el sentido de las cosas, en su importancia, en el valor que le asigno a cada cosa, a cada persona. Sin dudas que generalmente no encuentro las respuestas, pero si una premisa, si quiero algo, me voy a esforzar hasta el final sin poder reprocharme nada, intentarlo es la única opción válida.

Luego cada momento tendrá su condecoración, su trago amargo, la mirada al cielo con ojos mojados, o un brindis resonante de alegría. Pero con la hostilidad que nos presenta el mundo triste y violento en el que vivimos, no puedo permitirme no intentar cosas, no buscar la mirada esperanzadora en los brazos de la gente que quiero, en las risas, en la comunidad, la alegría y la lucha.

Aun en la intrascendencia, mi nombre estará vivo en este cuarto de siglo, siempre que alguien lo recuerde. Yo, no voy a dejar de creer.






 

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